A los pies del caminante
cuyo reino es el cielo.
No convence por brillante
ni por ser un carpintero.
Clavos hay a su medida
que por siempre le perforan,
mas del brote de la herida,
los santos se enamoran.
Unos dicen que es fracaso,
otros, tonto conformismo;
pero ciérranle el paso
al que predica lo mismo.
Si verle allí clavado
perturba a displicentes,
sepan, su sangre ha lavado
a contritos e inocentes.
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