Magia fue encontrarte en la ciudad que no es la mía,
cuando empecé a sentir que el mundo nos devora,
donde descubrí nuevas formas de alegría
que así como aparecen, se evaporan.
Magia fue sentarme a tu lado en los jardines,
con ningún interés en que pasen las horas;
fue contarle a los ángeles y querubines
cómo un ser humano se enamora.
Fue sentir que se esperó por siempre ese momento,
y creer que nada en el mundo podrá superarlo,
desconocer las viciosas trampas del sentimiento.
Magia es que hayas desaparecido de las fotos,
que nuevas historias lleguen a mi mundo
pero que aparezcas cuando cierro los ojos.
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