miércoles, 13 de diciembre de 2017

Candela de novela

¿Qué hay de mí, candela de novela,
que conforme pasa el invierno
menos busco tu calor sempiterno 
y me quedo viendo cómo el tiempo vuela?
Mi desidia redactó tu esquela,
y heme aquí llorosa con un duelo enfermo
que en nada se parece a mis victorias,
ni a los personajes de mis historias,
ni a las buenas lecciones aprendidas del pasado
con las que llevo un curso malhadado.
Aunque lo tuyo sean vanas glorias,
ni a ellas llega mi espíritu turbado.

Te resucito cuando te hallo muerta,
candela que te convertiste en vicio,
no sé cuándo acepté este suplicio
de regalarte, en escasez, los frutos de mi huerta.
No debí dejar abierta esa puerta,
que tus ficciones entraron para quedarse;
a mis problemas agregué el estrés de la duda
y entre la realidad siempre sonora y la ilusión muda
mi voluntad no supo a quién darse.
Ahora solo tengo una imaginación cruda.

No hay comentarios: