Traigo las heridas de un amor prestado desde el oriente,
que se introdujo en mi vacío existente.
No era mío y ha robado mis sueños secretos,
derrumbó mis parapetos.
Ya borradas mis ilusiones, se hizo real mi miedo,
como el humo se esfumó el dulce encanto.
Con tanto que me ahogaba hoy solo quiero
masticar todo el dolor y hacerlo llanto.
Me robé una historia que no es mía,
la amé como amé las flores de un tiempo inerte.
Al clavarme sus inmensas alegrías,
me clavó luego, con su fin, puñal de muerte.
Traigo las heridas de un amor prestado desde el oriente,
por el que empeñé mi juicio prominente.
Cayó del pedestal en espectáculo tardío
y me dejó su frío.
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